VIDA HUECA Y VIDA LLENA
Es una desgracia hacer cada día multitud de cosas en las que nos ocupamos y que, sin embargo, nacen o se hacen huérfanas de alma. Obras de alma muerta.
Así nuestra vida se malvive... Es la vaciedad mortecina que acaba apoderándose de nosotros. Hasta a los demás llegamos a sentir extraños. Seguro que te has preguntado —incluso suplicado— alguna de vez de dónde podrá venir una sacudida que te empuje a ser y, quizá, a ofrecer. Mucho tiene que ver con esto el Evangelio de Marcos y su crítica a los comportamientos farisaicos.
Vale la pena hacer una advertencia previa: probablemente los fariseos no eran tan perversos como aparecen en la lectura de hoy; no hemos de olvidar que el Evangelio tiene también una intención pedagógica que presenta las cosas de un modo tajante. Dejemos, pues, a los fariseos con sus asuntos y mejor vayamos a los nuestros. ¿De qué nos habla en realidad el Evangelio de hoy? ¿Qué sería bueno rescatar para nuestra reflexión? Estimo que podemos tantear una cierta lectura cuyo sentido no nos es, en absoluto, ajeno. Se nos propone dos modelos de vida radicalmente distintos. Ahí tienes, de un lado, una vida hueca por dentro; la otra posibilidad o la otra llamada es la de una vida que se vive en el interior y desde el interior.
Fíjate que aquí no se trata de ciertas acciones materiales, ni siquiera de prácticas religiosas; la posibilidad interior pone en juego el horizonte entero de nuestra vida y la crítica al exteriorismo de los fariseos está más cerca de lo que nos imaginamos de lo que nosotros mismos somos.
La vida hueca, la vida amortiguada: no pienses que estoy hablando de inercia o de inactividad; es perfectamente compatible con la más feroz de las actividades y, a veces, su mejor cómplice: es la huida hacia delante por la acción.
¿Cuál es la otra posibilidad? ¿Cuál es tu alternativa interior? Para un momento, sólo un momento... ¿Eres capaz de regresar a ti mismo? ¿Puedes pulsar el ritmo de tu vida?... Si lo haces, si comienzas a recorrer los caminos de tierra adentro, pregúntate: ¿qué empeño, qué entrega, qué dolor o qué amor, están alumbrando y asistiendo a la trama de mi quehacer cotidiano. ¿Dónde está el alma de mi acción o de mi compromiso? Cuando huyo mi alma, ¿hacia dónde me pierdo?
No sabes hasta qué punto el manejo de la vida puede robotizarse. Aléjate de esa alternativa. No sólo es perversa, te secuestra además lo mejor de ti mismo, arrastra de ti, cuando parece que tantas cosas empujas.
El justo lleva una vida distinta, una vida diferente... Cierto, por su justicia, por su rectitud: aguas limpias que brotan de la fuente interior de la vida. Aquí está la otra parte de la disyuntiva... Despertar los inmensos recursos, la gran riqueza que animan las fibras de la vida. Despierta hacia adentro, toca tu propia raíz, no te aplastes a ti mismo y regálate tu propio interior.
Si allá, dentro de ti mismo vibra la confianza o la esperanza, o el amor; si un dolor te quema, si una llamada te llega..., deja, deja que salten, que recorran el mar de tu alma y entonces, mira y vuelve a mirar hacia fuera, toca a los otros, ofréceles con tu acción tu alma misma.
Tú, tus obras, tus relaciones, tus frutos estarán transidos de sentido y es la vida, la vida misma que crece, que se comunica y que se da.
¿Es posible que todo crezca desde dentro? Esa es justamente la maravilla que Dios nos regaló.
¿Me permites decir una palabra más? En el hondón de esa fuente que es el interior de la vida hay una presencia que es como un incesante aliento. Es la cercanía, la extrema cercanía de Dios. Tan cercana como un abrazo. Déjate abrazar. Y llámale. Llamar a Dios es desear abrazarle como El nunca dejó de hacerlo.