Toño y Cristina son mis amigos, y algo más que mis amigos. Ellos lo saben. Con Toño tuve hace años un empeño especial en la vida. Ese empeño lo convirtió casi en mi hermano, mi amigo, incluso mi hijo. Les deseo felicidad y tranquilidad, también mucho bienestar interior y exterior. Y que los fantasmas nunca entren en su casa.