Me gusta mucho dedicarme a la enseñanza. Aunque a veces el camino se pone un poco cuesta arriba, no recuerdo un solo día en que la enseñanza de la vida -apasionadas ambas, enseñanza y vida- no me hayan supuesto un motivo de alegría, esperanza e incluso plenitud. Han pasado miles ya de alumnos y alumnas por las aulas curso tras curso, pero a algunos los tengo especialmente dentro, en mi recuerdo y sobre todo en mi corazón. Allí Silvia ocupa un lugar sumamente valioso e importante. Cuando la veo, cuando la recuerdo, una especie de melodía interior me dice: "¿Ves? Merece la pena". Y entonces siento cómo Silvia me llena de alegría, de cariño, de orgullo, de gratitud.

AHORA SILVIA Y NACHO ESTÁN ESPERANDO A CLAUDIA. ¡QUÉ BIEN!

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                                                              C A R T A (noviembre del 2004)

Hace algunas semanas me reencontré con Antonio después de algún tiempo sin vernos. Quedamos a comer en un sitio que ha sido testigo de muchos de nuestros encuentros. Allí, tras escuchar mis batallas y avatares vitales me habló de esta página web y me pidió que le enviara algo que hubiera escrito. 

 

Durante algunos días estuve pensando qué artículos o relatillos de los que he escrito, que por cierto no son muchos, encajaban en esta página pero no encontré ninguno, por eso me pareció buena idea contar algunos de los momentos que hemos vivido juntos.

 

Conocí a Antonio en el curso 94/95. Por aquel entonces el era profesor de filosofía y ética en el Instituto José Manuel Blecua de Zaragoza, y yo estudiaba 3º de BUP. Durante ese curso no sólo compartimos clases y debates sino que organizamos actividades, obras de teatro contra los malos tratos a las mujeres, actos de apoyo al Tercer Mundo, y también salimos a cenar alguna que otra vez al “Chino” del barrio.

 

Ese año resultó especialmente intenso para mi. Viví muchas cosas apasionantes, pero también algunas muy duras. Ese año, un amigo mío tuvo un grave accidente y las emociones y los sentimiento me desbordaron por completo. Antonio me escuchó, me acompañó, me animó, me cuidó ..., y me entregó dos regalos. El primero, una poesía llamada “Respuesta” de José Hierro; el segundo, una imagen de la luna en cuyo reverso hay escrita una frase de la obra de teatro “Calígula” de Albert Camus: Si duermo, ¿quién me dará la luna? Esa fotografía todavía sigue colgada en la pared de mi habitación.

 

Desde entonces hemos ido compartiendo nuestras vidas, que unas veces han estado más próximas y otras más separadas.

 

Me gustaría terminar esta carta, o lo que sea, agradeciendo a Antonio todo lo que ha hecho por mi (por ejemplo es uno de los responsables de que hoy esté licenciada en periodismo), y admitiendo que tenerle por amigo es para mi un orgullo.

 

Envío también dos fragmentos de uno de mis libros favoritos, “El Principito” (A. De Saint –Exupéry) y que releí también gracias a Antonio.

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““-  ¿Qué significa domesticar? – preguntó el principito.

-   Algo que casi se ha olvidado, significa vincularse. Para mi todavía eres sólo un jovencito igual a cien mil jovencitos. No te necesito y tú tampoco me necesitas, ya que soy sólo un zorro parecido a cien mil zorros. Pero si me domesticas, nos necesitaremos el uno al otro. Tú serás para mi único en el mundo y yo seré para ti único en el mundo. Por favor, domestícame – dijo al fin.

-   Bien que me gustaría – respondió el principito- pero es que casi no tengo tiempo, debo encontrar amigos y conocer muchas cosas.

-   Sólo se conoce aquello que se domestica – dijo el zorro- Los hombres ya no tienen tiempo de conocer nada. Compran sus cosas ya hechas, en los mercados. Pero como no existen fabricantes de amigos, ya no tienen amigos. Si quieres un amigo, ¡domestícame!

-   ¿Qué hay que hacer?

-   Se necesita mucha paciencia – respondió el zorro- Al comienzo, te sentarás un poco lejos de mi, sobre el pasto. Te miraré de reojo y no dirás mi una palabra porque  hacen que uno no se entienda. Pero cada día podrás sentarte un poquito más cerca.

El principito volvió al día siguiente.

-         Mejor hubiera sido si hubieras venido a la misma hora. Si, por ejemplo, llegas siempre a las cuatro de la tarde, desde las tres comenzaré a ser feliz. Cuánto más se acerque la hora, más feliz me sentiré, y a las cuatro estaré nervioso e inquieto; ¡descubriré el precio de la felicidad! Pero si llegas a cualquier hora, no sabré cuándo preparar mi corazón ... Los ritos son necesarios. ””

 

 

““Es igual que la flor. Si amas a una flor que está en una estrella, es muy hermoso mirar el cielo por la noche, porque florecen todas las estrellas. Por la noche podrás mirar las estrellas. No puedo mostrarte dónde está la mía, ya que mi casa es muy pequeña y así es mejor. Todas serán tus amigas y te gustará mirarlas a todas. (...) Cuando mires al cielo de noche, como yo viviré en una de ellas y me estaré riendo, para ti será como si todas rieran. ¡Sólo tú tendrás estrellas que saben reír! Y cuando hayas encontrado consuelo (porque finalmente, uno siempre lo encuentra), serás feliz de haberme conocido y te convertirás en mi amigo para siempre. Y, a veces, abrirás tu ventana porque sí ...  por gusto. Tus amigos se extrañarán de tu risa mientras miras al cielo. Y les dirás entonces “Sí, las estrellas siempre me producen alegría”. Creerán que te has vuelto loco. Y yo te habré hecho una mala pasada. Será como si en vez de estrellas, te hubiese dado una gran cantidad de cascabelitos que saben reír.””