Sara es una muchacha con una mirada y una sonrisa muy especiales. Si me quedara en su inteligencia y sus buenas calificaciones, diría la verdad, pero me quedaría en la superficie. Sara es una chica muy especial, y en ella viven cosas muy valiosas, que pugnan por expandirse, por fructificar definitivamente. Quiere ser periodista. Sin duda, llegará a ser tan excelente profesional como ya lo es ahora como persona. Esta es la carta que me envío un día de junio de 2006.
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“Autenticidad” y “Compromiso”, me apetecía empezar la carta con estas dos palabras. Quizás sea un comienzo un poco extraño, sin un hola ni un qué tal, pero he estado pensándolo unos minutos y no se me ha ocurrido otra forma mejor de romper el hielo y empezar a escribir.
Bajo mi punto de vista, estos dos términos son los más adecuados para definir a Antonio Aramayona, para definirte a ti. Siempre me gustaron las personas auténticas, esas que están orgullosas de mostrarse tal y cómo son, que no tienen nada que esconder, que defienden sus ideales… Hablo de ese tipo de gente que no necesita máscaras para cubrirse, que es transparente y, a su vez, quiere ser diferente (Porque sabe sobradamente que ahí está la magia). También admiro a los comprometidos: Porque tienden su mano sin mirar las apariencias, porque no se conforman y van más allá, porque observan el mundo con una mirada distinta y tienen la constancia de que hay mucho por hacer, entregándose a ello. Seguro que sabes perfectamente de qué tipo de gente hablo.
Dicho esto, sólo quiero darte las gracias por confiar en nosotros, por tu cercanía característica, por el “tú a tú”. Muchas mañanas, mientras subía las escaleras, aparecía tu figura... y créeme cuando te digo que me daba fuerza. Aquel paso incansable –Pese a los pequeños obstáculos- y sin prisa, pero tampoco con pausa, me transmitía ilusión y me servía de ejemplo. Esa figura (que cada día, pese al esfuerzo adicional, te devuelve una sonrisa) seguro que estará entre las cosas que eche de menos el próximo curso, en el cual subiré unas escaleras muy diferentes a las de ahora y veré caras distintas a las que llevo viendo durante seis años.
Acaba un ciclo y empieza otro, y ni tan siquiera sé cómo debo enfrentarme a él. Cada uno de mis compañeros y yo hemos elegido (o aún no) un camino concreto. Doy por supuesto que todos nuestros caminos se entrecruzarán nuevamente en el futuro, unos con más frecuencia que otros, y volveremos a rememorar las vivencias de todos estos años juntos; pero paulatinamente y sin darnos cuenta vamos siendo más autónomos y autosuficientes, y hay que dejar cosas atrás –Aunque nunca se olviden-, para dar comienzo a nuevas vivencias. Siempre quisimos crecer y ahora nos da miedo o, al menos, nos produce inquietud. Es la incertidumbre de no saber si estamos eligiendo bien o mal, o de si estamos tomando la vía correcta para llegar a ser lo que siempre hemos soñado. La suerte de poder elegir caminos (ya sean acertados o no) es que todos ellos, con sus pros y sus contras, te enseñan a cultivar una personalidad, a construirte y a ser distinto. Hoy no me apetece ver todo esto como una despedida, me apetece verlo como un paso más.
Respecto a ti, sólo pedirte que continúes enseñando como sabes, con esa preocupación constante de querer que el alumno crezca, no sólo académicamente sino también como persona. Por otro lado, no abandones nunca las palabras y no dejes de hacerlas brillar en los periódicos y en tu página web, porque aunque sólo sean cúmulos de letras, las palabras son capaces de atrapar, de motivar, de mostrarnos la realidad, de esconder universos fantásticos… (Se me ocurren infinitud de cosas bonitas que pueden hacerse con palabras). Y como sé que vas a seguir siendo así, tal como eres, me alegro de que esa gente a la que enseñas español y la perteneciente a las asociaciones en las que te mueves, pueda disfrutar de tu presencia y tu ayuda, igual que nosotros la disfrutamos en las aulas y fuera de ellas.
Un saludo y cuídate mucho.
SARA
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El 21 de noviembre de 2006, me envío esta carta, tan entrañable como la propia Sara.
Hola Antonio!
¿Qué tal va todo?
Recibí hace tiempo un e-mail tuyo diciendo que ibas a dejar la docencia. Pocos días días después, apareció en mi bandeja de entrada otro correo con un artículo de opinión, Ratones y elefantes, que leí detenidamente y me hizo recapacitar. Sé que todo esto fue a principios de noviembre y no me he dignado a escribir hasta ahora, pero tenía en cuenta que la respuesta estaba dentro de mis tareas pendientes (Aunque sea tarde, acaba de llegar).
Entre todo lo leído, me ha gustado especialmente esta cita: "La vida sería maravillosa si cada jornada llegasen hasta nosotros elefantes y ratones, regalando y compartiendo lo que tienen". Y sí, es cierto. Si lo miramos desde esa perspectiva, hay cientos de elefantes y ratones que a diario intervienen en nuestras vidas... La magia está ahí, en saber verlo y sonreir. Compartir depende de eso, de ser a veces un pequeño roedor y otras un gran mastodonte, y como bien dejas aparente en el artículo, lo bonito es saber que los roles son intercambiables y que a cada instante podemos cambiar de uno a otro disfraz.
Pese a que las aulas del Instituto no vuelvan a ver entrar tu figura para dar comienzo la clase, sé que fuera de ellas habrá cientos de ratones esperando puñados de comida que guardas entre tus manos (Y eso no lo puede decir cualquiera). Al mismo tiempo, esos ratones serán elefantes a su vez, porque disfrutar de la vida depende de eso, de coger un poquito del que tienes enfrente y crear.
Soy consciente de que con tanto párrafo no he descubierto nada que no sepas, pero me agrada pensar que hay o ha habido gente en el profesorado abierta no solo a enseñar, sino también a aprender. Me gusta ver que ese momento al que te enfrentabas con tanta incertidumbre (El de dejar las clases) haya sido grato y agradable, porque hay razones para que así sea. Y, finalmente, estoy completamente satisfecha de todo si pienso que dentro de mi (Como ratón y elefante), siempre habrá un cachito de cosas adquiridas gracias a ti.
¡Que vaya muy bien y un abrazo!