Sandra es una muchacha de una sensibilidad exquisita. De aparente fragilidad, encierra dentro de sí una recia fuerza de voluntad y una gran entereza. Tengo la convicción de que el mundo puede ir bien y mejorar cuando percibo a personas como Sandra.
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Las verdaderas cartas no se merecen ni tampoco se desmerecen. No tienen un objetivo o un significado claros. No son la respuesta a preguntas o encabezamientos rutinarios y no esperan una respuesta.
Quién las recibe, no las esperas ¿o si?.
22.Marzo.2006 (al final vino Jack en vez de Nicole)
No se que opinión, tras estos meses, tendrás de mi. La verdad es que tan solo he formado parte de tus mañanas de 8.30 a 2.30 de Lunes a Viernes; incluso menos, unas tres o cuatro horas a la semana.
Situándome por otro lado entre unos 500 alumnos.... y sumando aquel día que, sin razón aparente empecé a llorar.... no se si esta carta queda, para ti, fuera de lugar, dentro, de lado o como sea.
Sin embargo, lo que si conozco es mi opinión y supongo que es la razón por la que te escribo.
Hasta ahora ir a clase era sentarse delante de unos cuantos muebles, entre los cuales incluyo, en la mayoría de los casos, al profesor, y dejar volar la imaginación. Ante todo importaba la cara. Seria, inexpresiva, tratando de no dejar la mirada perdida, procurando situarla en un lugar que fuera un punto de interés no variable, lo preferible era el libro. Por lo que podríamos decir que, mas o menos, han sido unos cuantos años perdidos.
Llego 2º de Bachillerato, cambio de profesores, 18 años, mayor libertad, todos creemos que hemos llegado a algún sito concreto, que hemos evolucionado, y que ahora comprendemos mejor las cosas. (aunque realmente sea al revés).
En este punto comparo y me doy cuenta, también me daría cuenta sin comparar, que la vida no se basa en las paginas de un libro, en lo que dice un profesor, en lo que dicen tus padres, tus amigos, el telediario,....sino en lo que podemos leer o interpretar bajo todos ellos. Con lo que he conseguido pasar, de aprenderme el prospecto de cualquier medicamento a aprender y cada vez acercarme más a mi misma y por lo tanto a apoyar los pies cada vez mejor en el suelo (aunque quizás lo que estoy haciendo es elevarme y ya estoy en la luna).
Tú no nos has enseñado historia de la filosofía de segundo. Lo que nos has enseñado es algo vivo, personal, lleno de conceptos que se relacionan poco a poco y de forma delicada, como entrelazándose con un clic, similar al de un reloj, suave, de ritmo continuo. Algo, que por lo menos a mi, me ha hecho despertar, abrir los ojos, que creía que ya tenía abiertos, trasmitiéndome ganas querer conocer, sentir, sufrir TODO.
No consideres la carta una sarta de estupideces sin sentido. A lo mejor no se entiende lo que quería decir, pero no me atrevo o no puedo decirlo de otra manera, y a lo mejor esto te lo han dicho las suficientes personas como para que mi carta sea una más.
Cuídate y deja que te cuiden.
Besos
Sandra