María es una muchacha especial, en el sentido más positivo de la palabra. Cada día descubre más y mejor todo lo que lleva dentro, lo que a la vez le impulsa y le pesa. Con ella, el mundo es y será un poquito mejor. Esta carta revela lo bonita que es la vida, lo hermosa y valiosa que puede llegar a ser la educación, la enseñanza. Me entregó esta carta un jueves, mientras cenábamos todos como final del segundo trimestre del 2004-05 (4º ESO D, del que soy tutor). Gracias, María.

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¡Hola, Antonio!

Antes de nada quiero pedirte perdón por dos cosas. Siento que esta carta llega en un tiempo tardío, equivocado, pero confío en que el tiempo siempre sea ahora, y también para ti. La segunda cosa por la que quiero que me perdones, es porque me gustaría que este regalo quedara algo más bonito y que fuese algo especial, más que todo lo que pueda escribir; pero me conformo si sé que cuando la leas serás capaz de situarme tras la mirada, poniendo cara a estas palabras, colocando mi persona tal como tú quieras, porque es ahí donde me quiero encontrar.

Podría decir mil cosas, todas ellas distintas e igual de importantes, y ninguna se acercaría lo suficiente a describir lo que supone para mí la vida, y tu aparición en ella. Tú llegaste aquí nuevo y he de decirte que en este poco tiempo has conseguido hacer cosas por nosotros que ninguno habríamos imaginado. No empecé el curso muy ilusuoonada porque me habían separado de mis compañeros de toda la vida, pero ahora me doy cuenta de qué tontería tan grande era, y de lo feliz que me siento sólo por haberte conocido. Esa clase para mí tiene algo, cada persona tiene su gran grano de arena, y me alegro de estar con ellos y poder compartir cosas juntos; pero sin ti no seríamos lo que creo que somos, y todo esto perdería un gran sentido. Sé que sólo consta de nueve meses el tiempo que quizás estemos juntos, pero te aseguro que serán nueve meses asombrosos y con los que podríamos escribir una historia, nuestra historia. Así que, después de pedirte perdón, te doy las gracias. ¿Por qué? Por todo. Porque sin ti y sin esos compañeros no sé si sería capaz de levantarme cada mañana y dibujar la sonrisa que intento llevar puesta, aunque a veces hasta el esfuerzo resulte inútil. Porque estos últimos diez meses han sido los peores de toda mi vida, y en gran parte es por ti y por lo que para mí supone el Instituto, que no rece cada día con volver a ser pequeña.

No sé si es casualidad o eres una especie de "ángel de la guarda" que sabe aparecer en el momento oportuno y en el sitio acertado. Seas quien seas, te has convertido en alguien muy especial, y me atrevería a decir que no sólo para mí, sino para todos en general. Tampoco quiero hacer de esto un drama, a pesar de todas las dificultades que pueda hallar día a día, como cualquier persona, me siento muy feliz, y si hay algo en lo que realmente creo sin límites es en la fe, en la fe que reposo sobre mí misma. Puede que no me sienta segura de nada y ante nada, pero hay que vivir en la duda perpetua para llegar a la certeza relativa, y nunca me rendiré de verdad, y me gustaría, no ya cumplir mis objetivos, pero al menos quedarme en el intento y con la certeza de que he alcanzado algo, una apuesta personal que nos hace crecer como individuos y como humanos. En fin, que lo que quiero decir con estoes que me alegro de que en mi calendario exista una fecha tan señalada como tu cumpleaños, porque ese día el mundo abrió las puertas a la esperanza, algo que muchas personas sentimos perder en algunos momentos. Sé que tú eres mucho más de lo que muestras ante nuestros ojos, que tras de ti debe hallarse todo un mundo para el que estoy segura también necesitarás ayuda. Yo no soy gran cosa ni tampoco pretendo serlo, pero no eres mi profe los trescientos sesenta y cinco días y, como creo que dijiste una vez, el mejor triunfo que una persona puede tener es tener el derecho de llamar a alguien amig@, el cariño que te tengo te convierte en el amigo que cualquier persona desearía conocer al menos una vez en la vida y como tal debes saber que de entre todos los pupitres que ves al día se halla uno al que si te acercas, seguro que responderá de la mejor forma que sepa por ti.

Sabes mirar a los alumnos como personas, sabes apreciar las dificultades de éstos, y reconoces el valor que presentan ante muchas cosas de la vida. Pero, ¿y tú? Me gustaría que supieras que tras tantas miradas, también hay una que te ve como algo más que un profesor y que admira la cantidad de cosas que haces, tu forma de ver las cosas, de esconderte en tu caparazón, y de ti me llevo las palabras que dejas fluir cada día.

Amor de padre sólo hay uno, y el mío ya pertenece a alguien que también es maravilloso. Pero es lo más aproximado que puedo utilizar para describir qué siento hacia ti. ¿Sabes cuál es una de las cosas que más me gustan de ti? Que sin ninguna duda, que si te necesitara, acudirías en mi ayuda, y eso hace más fuerte a cualquier persona.

Sé que eres diferente y sé que yo también lo soy. No lo sabemos porque nos lo hayan dicho varias veces a lo largo del tiempo, ¿verdad? Creo que lo sabemos porque es algo que se lleva dentro, yo lo sé porque quiero serlo. Me gusta ser diferente, aunque ello suponga una lucha continua. No quiero que nadie me pueda poner una etiqueta con un número, ni siquiera me importa la lucha perpetua que se haya de llevar a cabo. Quiero ser yo misma, porque yo soy todo lo que tengo, y por ello encuentro en ti lo más especial que se pueda encontrar en alguien, tu persona real, aunque con una diminuta apariencia a lo que es en realidad. Me gustaría ser siempre una frase que escribió alguien que me ha enseñado mucho con alguno de sus libros, "esa rareza de feria, el hombre con un niño dentro que lo recuerda todo", y seguir siempre la línea de lo siguiente, "la vida es lucha, no resignación ni indiferencia". Quizás sea una soñadora o una ilusionista. A lo mejor esa lucha es la que a veces provoca desasosiego, eso dice la gente. Yo no lo sé. Intento chocar con la realidad a menudo para no vivir en mi mundo ideal, y ser realista y consciente de las cosas. Lo intentaré siempre, aunque no me gusta el mundo injusto en el que vivo..., y estoy dispuesta a asumir el riesgo antes que vivir en la ignorancia. Y sé que tú lo has hecho, razón por la que te admiro. También sé y me lo han dicho muchas veces que no pretenda cambiar el mundo,     que no voy a hacerlo; sé que yo sola no lo voy a hacer, pero también sé que haríamos muchas más cosas si creyésemos que son muchas menos las imposibles, y ahí me incluyo yo. Así que lo importante es intentar hacer cosas por mejorarlo, y dejarse de tonterías. No sé si es todo esto lo que me une a ti, pero aún me queda tiempo para descubrirlo.

Quizás sea to la nueve mil y pico personas que te dice esto, pero ahí va: no cambies nunca en la vida. Eres esa razón por la que hay que luchar, el elemento clave que nos sostiene, al igual que lo hace el cemento en una pared de ladrillos, y estoy segura de que serás siempre la razón por la que muchas personas se sigan levantando el resto de su vida. Tengo la certeza de que tu camino hasta el momento no habría sido fácil, pero -créeme- si de algo te puedes sentir orgulloso es de ti mismo. Mil manos distintas no alcanzarían nunca a dar el cariño que tú nos ofreces, y eso no tiene precio: por mucho que el dinero posea valor, este es un valor que no alcanzará nunca a convertirse en la definición de los valores que tu persona arrastra.

Espero que esta no sea la única carta que te escriba, y ojalá te la pudiera escribir en otra época, para usar las palabras acertadas y dejar claro el cariño que te tengo. Pero ya te lo he dicho, me conformo con encontrarme tras tu mirada y que veas mi persona como tú quieras. No acostumbro mucho a decir esto, pero sí lo hago cuando lo siento de corazón, así que te quiero muchísimo y sé que dentro de mi historia aparecerá un magnífico profesor que supo sacar de nosotros lo mejor que llevamos dentro.

GRACIAS

María

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Hola, María. No sabes cuánto te agradezco, no ya sólo tu carta, sino sobre todo las ideas, sentimientos, valores e ideales que expresas en ella.  A algunas personas les señala especialmente la vida. Portan consigo algo muy especial, que anhelan ver y hacer realidad. Tú eres una de ellas. Te felicito y quiero decirte que cuentas además con todo mi aliento y mi apoyo. Tu mundo es complejo, hermoso y valioso. Eso conlleva también un cierto tributo: percibes y vives cosas que otros muchos apenas conocen y adivinan, pero también son inquietantes y a veces hacen sufrir. ¿Sabes? A la mayoría les puede sonar a sentimentalismo, pero cuando entro en clase, no sólo veo a alunm@s, porque os percibo un poco como a mis hijos. Quiero lo mejor para tod@s, y os imagino con cinco, diez, veinte, cuarenta años más, en ese fascinante periplo que estáis recorriendo por el mundo y la vida. Entonces, me hacéis sentir dichoso por compartir y contribuir a que el recorrido sea mejor, más cálido, más constructivo. Dices que quieres que el mundo sea mejor. Pues bien, ya lo estás haciendo, paso a paso, rodeada de preguntas y respuestas. Gracias, María, por hacerme compañero de camino. Siempre estarás en un rinconcito especial en mi mente y en mi corazón.