TOLERANCIA

 

El Pasado 2 de abril murió Karol Wojtyla. Debido a la relevancia internacional de la muerte del representante de Dios en La Tierra muchos países por todo el mundo declararon una serie de días de luto oficial. Cientos de ventanas por todo Madrid lo apoyaron colgando banderas de España con un crespón negro en el centro. Justo en frente de nuestro instituto, una mujer ya mayor (rondando la sesentena, diría yo) se sumó a esta iniciativa colocando en su balcón su bandera en honor al difunto líder de la fé católica. La diferencia es que la bandera en cuestión era la bandera franquista, bien caracterizada por el águila negra.
Esto produjo, en un principio, perplejidad entre los alumnos y los inevitables chistecitos, codazos, etc. Los alumnos más progresistas descalificaban a la mujer y demostraban sus amplios conocimientos sobre la ley vigente con comentarios como "Eso es ilegal, como si en Alemania sacas una bandera nazi..." ó "Si quisiéramos la denunciábamos...", pero, ese día, la cosa no fue a mayores. Al día siguiente la bandera seguía ahí y, en algún momento, fue atacada por los estudiantes más aventajados en la defensa de la democracia con media docena de huevos. El resto, sin embargo, ya parecía haberlo olvidado.
El enfrentamiento llegó al día siguiente cuando la señora en cuestión salió a su balcón a las 2:15, hora de salida de los estudiantes. Para mi asombro, una gran mayoría de alumnos comenzó a pitarle (los más comedidos) y a insultarle (el resto). La mujer se dedicó a lanzar agua desde su balcón y luego lanzó una botella (que luego le devolvieron), perdiendo así toda la razón que podía tener.
Me parece triste que alguien siga exhibiendo con orgullo los símbolos de una etapa que, más allá de la prosperidad, la estabilidad o la defensa contra regímenes malvados, o no, supuso la mayor represión ideológica y de derechos civiles del siglo XX en España. Pero ahí queda. Es mi opinión, tan válida como la de la mujer. No puedo defender las libertades de mi democracia por medio de la represión, el acoso y el insulto. Es lanzar bombas por la paz.

La democracia es imposible sin tolerancia, aún a las ideologías opuestas, ya sean dictatoriales, nacional-socialistas, comunistas y anarquistas (como rezaban muchos de los parches en las cazadoras de los lanzadores de huevos) o de cualquier otro tipo. Seamos TOLERANTES. No reneguemos de nuestro pasado imponiendo una censura implícita en todo lo que nos lo recuerde, superémoslo y aprendamos de ello. Si algo debimos sacar del franquismo fue respeto a las ideas de los demás y la conciencia de solucionar los conflictos por medio de las palabras