Un día de octubre de 2007 Florentino me mandó un email: me había conocido por Internet, y pronto tuve la sensación de que íbamos a conectar bien. Florentino es un asturiano honrado, coherente y con un gran sentido de la justicia (y de la injusticia). Estoy seguro de que es una de esas personas de las que uno se puede fiar y confiar. No lo conozco personalmente, pero da la impresión de ser un buen amigo de sus amigos, un hombre inquieto e interesado por todo, una excelente persona. Florentino me ha dejado escritas unas palabras entrañables, que trascribo aquí como un gran tesoro: "Gracias, por todo, Antonio... Gracias por navegar conmigo en este hermoso barco, llamado Amistad". Gracias a ti, Tino, amigo mío.
Con su permiso, aqui teneis esta carta, donde Tino cuenta una historia importante de una forma conmovedora.
****************************************************************************
Querido amigo Antonio:
Abusando de tu hospitalidad y de tu confianza, me atrevo a enviarte esta pequeña "memoria histórica" que he fotografiado en el cementerio de mi aldea natal...
Te envío también una fotografía de la aldea y las montañas donde está enclavada. Esos bosques que ves en ella han sido testigos de cómo, uno a uno, los que "se habían tirado al monte" al terminar la guerra (in)civil, fueron cayendo poco a poco...
Voy a cumplir 58 años y he oído contar a mis padres, tíos y abuelos la historia de esos dos hermanos, "que eran buenos, que no hicieron nada malo, pero a los que perdieron las ideas..."
Sus familiares, como puedes ver, no esperaron por la aprobación de la memoria histórica y desde hace unos meses decidieron recuperar su memoria, para que quienes ya la habían olvidado...
En algún lugar de esos bosques que ves en la fotografía, en una triste noche
de 1940, después de una traición de un chivato, cayó el último de los hermanos... Mi madre me decía que los dedos de sus manos estaban clavados en la tierra del Castañedo, como queriendo agarrarse a la vida que se le iba sin remedio...
No sé... Quizá te parezca una tontería, pero me apetece compartir estas cosas para que en este país, por favor, nunca más se nos ocurra cometer semejante locura, por mucho que algunos lo intenten.
Recibe un fuerte abrazo.
Tino.
Gijón (Asturias)