Maruja es una mujer que parece llevar dentro de sí todo un torrente de vida. Su mirada brilla, enmarcada por su sonrisa acogedora y su risa a veces explosiva. Maruja ha debido sobreponerse a fuertes oleajes, pero adivino en ella la respiración sosegada del náufrago que ya habita en su tablón, contemplando el sol y las estrellas, saludando a las gaviotas y compartiendo lo que le resta con los náufragos que sobreviven a su lado. A medida que va pasando el tiempo, mis encuentros con Maruja se han ido sucediendo, aun en distintas circunstancias. Al final, como común denominador, constato que  Maruja es mi amiga, y estoy muy contento de ello.

En abril de 2009, me mandó este breve poema, escrito por ella a finales de los 90. Un gran regalo, Maruja. Muchas, muchas gracias.

 

Nunca supe sí sabía escribir

pero escribía.

Nunca supe si sabía reír

pero reía.

Nunca supe sí sabía vivir

pero vivía.

Escribir, reír, vivir, ¿será vivir?