A Diosdado lo conocí un día de septiembre de 2004 en una aula de Ética de 4º de la ESO. Hacia mediados de curso, se cambió de grupo, y entonces, además de profesor, fui su tutor. Desde el principio, me llamó la atención su mesura, su ponderación, su buen juicio, su compañerismo.

Diosdado es guineano. Muchas veces, por los pasillos, por el vestíbulo del instituto, me comenta cómo le va. Yo le agradezco su confianza y procuro regalarle unas cuantas palabras amigables y unos cuantos consejos. En fin, Diosdado es una buena persona que se va abriendo camino en España, soñando con que acabará sus estudios, sus proyectos, todos sus planes. Trabaja mucho y se lo merece, así que le deseo que se le cumpla todo bien y del todo.

Un día de junio de 2005, casi acabado el curso, Diosdado me estaba esperando a la puerta de la sala de profesores. Salí, nos saludamos y me entregó una bolsa. Dentro, una carta y un paquete. La carta decía:

"Hola, Antonio. Bueno, en realidad esta es la manera de agradecerle por todo lo que ha hecho por mí, por ayudarme, por protegerme, y he decidido regalarte esta flor que me dio mi madre por mis 16 cumpleaños. Pensé que vendría bien regalártelo como buen amigo y profesor, eres uno de los mejores. Espero que la suerte te acompañe en esta vida, cuídate mucho y que seas feliz. Felices vacaciones. Besos. Diosdado Ebang."

En efecto, el paquete contenía una especie de copa de cristal, cerrada, donde una rosa flotaba mansamente en agua. Me sentí estremecido e impactado. Diosdado me estaba regalando el regalo que su madre le había comprado y mandado desde Guinea... Ante mis reparos, Diosdado zanjó la cuestión con una sola frase: "Sí, sí, pero precisamente por lo que dices, quiero que te lo quedes tú". En ese recipiente de cristal, en esa flor, está todo el mundo de una madre que a muchos kilómetros de distancia piensa muchas veces cada día en su hijo, tan lejano, tan añorado, tan amado; allí está también todo el mundo de Diosdado....

Gracias, Diosdado, pocas veces en mi vida me han hecho un regalo tan hermoso y valioso como el tuyo. Hasta siempre y para lo que quieras y necesites.

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En octubre de 2005, en el Instituto Diosdado me entregó un cuento escrito por él mismo. Está en su lengua original y traducido al español. Aquí lo tenéis:

                       

 Etugu ba ze

 Eñaboná etugu ba ze be mbe be to ede etugu a gedjona a que don melam ede ze engasoñena bañe ba ke ,be te a ne etugu a gesona carabot a que esene chen ,ze eyebe a ne tu a gue kue ngom de embebele meken  etugu a kenado endachen amanachí mi beñ acurudo ede a gesodona hay bichi ngom emana va abuin bichi ,be engachi etugu ña abebele ze muana mechim ,atue abeñ cup akeñedo na chi ,muan amana chi akoro aque cat esa ne etugu a babele bichi ede aveñe ,ze coro akecoan na ñe asiliñedo ,etugu ñana ane bichi nga ave yam ana gelido.

A ne muan etugu age coro ake cat na esa abele ngom me ken emuan ze ña ake cat esá ane ze ya ge duan acoro ake wup ngom adjimi amnayin ngom eyon apre ya ke bisima ede bi ngaso bimanachañe eyira ano ze age bèbe ngan de mana.     

 

 

 La tortuga y el tigre

 

  Erase una vez la tortuga y el tigre salieron de caza y para mirar las trampas entonces la tortuga dijo al tigre que no podían ir juntos cada uno tenia que ir por su camino.

En el camino la tortuga encontró un tambor mágico, lo cogió y se lo llevo a su casa. Cerró todas las puertas de su casa y dijo al tambor ``Quiero comida para mis hijos ´´ y la mesa se llenó de comida, y la tortuga era el padrino de uno de los hijos del tigre y él llamo a su ahijado le dio un poco de comida y se fue .  El chico lo contó a su padre y este lo preguntó a la tortuga ,y la tortuga negó, porque tenia miedo de perder su tambor, el tigre no se rindió y aprovechó una de las salidas de la tortuga para robar el tambor  y lo consiguió. El tambor pasó a su poder y como la tortuga era tan débil no dijo nada al respecto. El tigre abusó del tambor lo máximo posible y la última vez que pidió comida le salió un ejercito militar y esos dieron una paliza al tigre y a su familia y el tambor perdió su poder y el cuento se acabó.    

       

                                  Diosdado Ebang Ebang