Con "A Luis Martín Santos", Begoña ganó el Primer Premio en Prosa del Concurso Literario del IES "Fortuny", en mayo de 2006.
A LUIS MARTÍN SANTOS
Para aquellos que conozcan la obra de Unamuno, les parecerá una insensatez aplicar el calificativo de “castizo” para designar el barrio de la Paloma. Y es que, de la misma forma que aquel hombre ambivalente criticó la supuesta pureza entendida como beneficio que supone el término, yo lo aplico como reivindicación del ya perdido concepto de “barrio”.
Es un hecho que los tiempos cambian, y es también un hecho la pérdida del romanticismo y familiaridad que hace años inspiraba el barrio propio. Pocos son ya los sitios en los que lo pueblerino, con sus beneficios y perjuicios, pervive en una ciudad. Sin embargo, existe un lugar en Madrid que se ha mantenido intacto al paso del tiempo. Existe un lugar en el que las personas se han conservado tal cual eran hace cuarenta años, un pequeño pueblo dentro de una enorme ciudad: el barrio de la Paloma.
Me he atrevido a cruzar el límite y entregarme al espíritu envolvente de este barrio… Y esta vez tú me acompañarás. Recuerdo que el domingo es su día por excelencia. Los olores a incienso y cuero invaden Ribera de Curtidores, al tiempo que las estáticas almonedas despiertan la imaginación con sus cachivaches. Sentado en la Plaza de los Carros podrás ver la pequeña fuente de agua inmóvil y encharcada, que sirve de compañía a la abuela de mirada ensimismada que se acerca a las niñas que se encuentra para contarles el gran parecido que tienen con su nieta. No te entristezcas si llora, al fin y al cabo a nadie le importa. Y ten cuidado con los niños que juegan al balón utilizando la fachada de la Iglesia de San Andrés como portería, ajenos, pobres diablos, al gran monumento ante el que se encuentran.
Las dos cavas, alta y baja, esconden un bar: “La Muralla” donde unos cuantos padres del cole toman sus “chatos” mientras charlan sobre el precio de los pisos y las últimas pesquisas del mundo político… es curiosos que todos comparten aquel humor propio de la generación que vivió El Cambio durante su juventud inconformista. También encontrarás la improvisada residencia de cartones y periódicos de la argentina de mirada serena y alma azul celeste, que cuando pide lo hace con una dignidad sublime, y, cuando no pide, dibuja con gran maestría Vírgenes y Cristos a carboncillo…
Hacia el Sur, el Mercado de la Cebada abre sus puertas al olor de pescado y cajas de embalaje. Ése a quien oyes es el carnicero David charlando con las señoras “¿qué tal va su padre, jovencito?”, “algo mejor, gracias, pero aún tendré que encargarme yo del puesto hasta que no esté bien del todo…”, “bien, hijo, bien, ojalá se recupere pronto”, “gracias, señora, Dios lo quiera, ¿esto es todo o le pongo algo más?”. La aceitunera regala a la niña unas aceitunas camporreal… “¡qué guapa es esta niña! Toma, te las mereces”, y la niña, sonriente, se pregunta en voz bala si podrá conseguir más cosas en otras tiendas… o en la vida. Recorriendo los pasillos, bajo esa luz tenue y la porquería en cada rincón, sales del mercado para dar a la Plaza de la Cebada, donde los mendigos del barrio conversan y miran a las chicas bonitas que pasan. Una vez allí, más vale que no vayas a la derecha, porque, además de ser la tendencia más injusta del mundo político, los mendigos utilizan ese tramo para evacuar el vino “don Simón” de su uretra… será mejor si giras a la izquierda, donde, en tal caso, te encontrarás en la calle Humilladero, calle donde vivo y que conozco como la planta de mi pie. Si eres certero y me has hecho caso, verás entonces el bar “El Imperial” donde nunca hay nadie salvo tres ancianos que comentan los partidos de fútbol del día anterior y rememoran los tiempos en los que se sentían útiles. Unos pasos más y podrás apreciar los aromas de la panadería en la que siempre hay cola, donde la gitana que vende melones a voz en grito es acompañada de su ayudante y probablemente hijo de cinco meses de edad, que le ayuda en el canto con sus berridos… la señora que, sin comprar melones, le tira medio euro…”yo no quiero caridá, señora, ¿¿ejque no me oye??Yo lo que quiero é vender melone”, y mientras recoge la moneda sigue murmurando por la desfachatez de la señora, que, como tantas otras burguesas, compensa su soberbia con un donativo semanal…
En la famosa plaza de las Vistillas te cruzarás fácilmente con el señor de bigote y barba que siempre fuma en pipa, y al que imaginas como pintor o escritor sin fama. Su única compañía es un cuadernillo vacío que espera ser llenado de vida… Recuerdas que allí mismo, a mediados de verano, el olor a gallinejas y a churros inundaba la plaza al son de la música de chotis en las fiestas del barrio… y mientras, tumbado sobre la hierba, observas el cielo, un cielo que no hay en el resto del mundo, un cielo que invita a escribir y a vivir feliz… Comprobarás que en esta zona de Madrid los pájaros cantan más fuerte, los olores son más intensos y el aire sopla siempre en la dirección correcta…
Madrid, città aperta?
"Cuando vienes estás tan preocupado de conseguir la legalidad que no tienes tiempo de hacer amistades”
Madrid es uno de los principales focos de inmigración en España. A fecha 1 de enero del 2005, residen oficialmente en la capital madrileña 481.162 inmigrantes. Ésto supone un crecimiento del 75% desde el 2002, en el que había censados 283.384 inmigrantes.
Los principales grupos de inmigrantes proceden de Sudamérica (60% sobre el total), Europa del este(12% s.t.), Magreb y Subsáhara (8,5% s.t.), y China (7,5% s.t.)
La integración de los distintos grupos se refleja, en parte, en la disponibilidad que ofrecen ante una conversación, tengan o no papeles, corran o no corran riesgo de tipo legal. Los inmigrantes sudamericanos o los de origen árabe muestran una actitud mucho más accesible, a diferencia, por ejemplo, de los chinos, que se les nota más reacios ante visitas inesperadas.
Las entrevistas realizadas a los distintos encuestados muestran datos muy significativos.
Así, Pascuala, que viene de la República Dominicana y lleva ya quince años en Madrid, revela que, aún, a día de hoy, no tiene amigos españoles, aunque ha traído a toda su familia a Madrid. “Yo he tenido suerte, porque a los seis meses de venir aquí conseguí los papeles”. Ana María, de Colombia, vino hace trece años, y tampoco tiene amigos españoles. “Cuando vienes estás tan preocupado de conseguir la legalidad que no tienes tiempo de hacer amistades”. Las dos vinieron trabajando en la limpieza y ahora las dos tienen un negocio de hostelería propio. “Tengo un amigo que vino hace cinco años y todavía no tiene los papeles”. Ambas mencionan que muchas veces obtener la legalidad es fruto de la casualidad, ya que depende del momento en el que llegan, “si tienes suerte hacen una regulación al poco de que llegues, si no, te toca esperar y arreglártelas”. De los cinco intentos de realizar una encuesta a inmigrantes chinos, sólo uno de ellos accedió (la mayoría de las veces por dificultades con el idioma), aunque tuvo que ser con la ayuda de su hija, la única hablante de español: “Vinimos hace tres años, y no conocemos a españoles”, responde Huan Zhe, propietario de una tienda de alimentación. Mohamed cuenta que desde que vino de Egipto está casado con una mujer polaca y tiene una tienda de productos árabes. “Yo personalmente tengo amigos españoles, pero no es muy frecuente...en general, mis amigos árabes no conocen a españoles, ni quieren...a veces se sienten rechazados, sobre todo por la gente sin cultura que piensa que les vamos a quitar el pan...”
La situación profesional de Pascuala y Ana María tampoco es la más habitual. Gran parte de la población sudamericana sigue realizando trabajos en la limpieza y en la construcción sin posibilidad de mejora laboral. Sin embargo, al menos a la vista, el colectivo chino, que se ha casi triplicado en los tres últimos años, no desarrolla trabajo por cuenta ajena, sino que han conseguido su propio negocio.
En la zona de Lavapiés y zona del Rastro, se aprecia la especialización de éstos en comercios de alimentación, ropa y las ya típicas tiendas de “todo a cien”, ocupando espacios de gran extensión que suman cerca de 81 establecimientos en un radio de tan sólo 500 metros.
La población inmigrante en Madrid está creciendo de manera espectacular. En general, son los inmigrantes jóvenes los que mejor se adaptan a la nueva sociedad, quizás debido a un ambiente más abierto en los centros de estudio. Por el contrario, parece que los adultos se integran menos en la cultura española. (En otras ciudades europeas, por ejemplo París, esta situación ha desembocado en un incremento del racismo y en la prosperidad de grupos ultra-conservadores, como es el auge en las últimas elecciones del presidente del partido anti-inmigración, Le Pen.)