AMOR ANHELADO
El amor anhelado es
misterioso, nunca termina de desvelar su identidad o
descubrir por completo su rostro. Todos lo desean, algunos
parecen adivinar sus destellos rojizos en la línea del
horizonte, recién amanecido en su corazón. Sin embargo, al
amor le gusta mucho ser esquivo, hurtarse a las miradas
demasiado directas.
El amor anhelado
anida en cada persona que aún espera que la quimera se haga
realidad: amar del todo y volar libre
Se anhela ese amor
porque no pretende poseer al otro, sino sólo quererlo como
es, respetar sus pasos, impulsarlo hacia su propio destino.
Otros amores fagocitan el alma del otro, enajenan su
autonomía, intentan enquistarse en el núcleo de su libertad
como parásitos. El amor anhelado, en cambio, renuncia a la
posesión, se alegra de que el otro sea lo que quiera, sólo
lo que quiera y nada más que lo que quiera. Sobre todo que
el otro quiera.
El amor anhelado
siempre dice lo mismo: QUIERE, QUIERE, QUIERE...
Al amor anhelado no
le preocupa el futuro, pues descansa plácidamente en cada
instante. Liba el néctar de cada caricia, el aroma de cada
palabra, el sabor de cada paso compartido, la acogedora
humedad de cada entrega. Y es que el amor anhelado tiene
alma de niño y le gusta jugar a descubrir. Sin reglas, sin
medida, sin vallas, sin previsiones.
El amor anhelado no
existe en ninguna parte fuera de quien lo anhela. Aparece su
fulgor sólo a quien se atreve a inventarlo. Nace del corazón
limpio y muere en cuanto se lo quiere encerrar en algún
sitio. De ahí que, de hecho, sea una rareza. Por eso asusta
y seduce a la vez. Por eso todos anhelan ese amor, pero a la
vez lo esquivan
El amor anhelado
languidece con el primer asomo de monotonía. Imposible
hacerlo sobrevivir si no escucha segundo a segundo el latido
alegre del corazón. No sabe ser mediocre ni tibio. Llena de
amor hasta los topes o queda colapsado de inmediato, sin
aire y sin agua.
El amor anhelado....
El amor anhelado.................