ALGUNOS DE MIS PESARES (DE SALUD)

 

Yo era un muchacho normal y corriente, al que le gustaba y practicaba bastante el deporte,  principalmente balonmano y fútbol.

Sin embargo, me diagnosticaron el síndrome de Bürger, una enfermedad que afecta a las estructuras vasculares distales de las extremidades, ocasionando lesiones inflamatorias en arterias y venas, y que pueden acabar en isquemia, gangrena y amputación de miembros.

Los efectos de esa enfermedad se incrementan con el tabaco. Ya que la cosa en mi caso ya no tiene remedio, me voy a permitir decir al fumador algo que ya sabe:

Debido a esa enfermedad, he sido intervenido sucesivamente de lo que ha ido surgiendo, desembocando  en la amputación de mi pierna derecha.  Se me reconoció así un 42% de minusvalía, que ha llegado oficialmente al 65% en 2007.  .

Así, ahora, según la longitud y la dificultad del trayecto, escojo entre el coche, el caminar o una silla de ruedas eléctrica que acabo de estrenar (escribo en noviembre de 2007).

Posteriormente (escribo en marzo de 2008), me comunicaron  mi jubilación anticipada por “incapacidad absoluta”. Se trata de una fórmula jurídica institucionalizada, pero marca también un hito en mi vida. A lo largo de la vida, se suceden unos determinados jalones que son puntos de referencia a cuanto va aconteciendo a su alrededor: escolarización, universidad, profesiones y trabajos, casamiento, muerte de seres queridos, parejas, hijos… La jubilación, la incapacidad absoluta, constituye otro escalón (¿se desciende o se asciende la escalera?). Lo de la “incapacidad” refleja, por un lado, una situación física objetiva, pero, por otro, es insignificante (=no significa nada). Me siento y me sé capaz de todo lo que soy capaz (parece una tautología o una perogrullada, pero no es así), teniendo en cuenta que yo soy yo y mis circunstancias. Desde el primer día, me sentí también necesitado de explicitar que dentro de todas esas circunstancias están mis seres queridos y mis amigos. Todos vosotros, pues, me ayudáis a ser capaz.

A resultas de la misma enfermedad cardiovascular, entre otras muchas cosas, me han intervenido de  un aneurisma de aorta abdominal.

 

He pasado sobre todo por el vértigo de una hemorragia cerebral subaracnoidea, un infarto de miocardio y dos episodios de angina de pecho.

 

                                           

 

En los últimos años y de forma progresiva, estoy pasando por un proceso de deterioro importante de mi salud, con episodios de notoria gravedad, que requiere atención médica periódica y continua.  Un  poco, una versión del mito de Sísifo. ¿Lo conoces? Sísifo era un personaje de la mitología griega que hizo enfadar a los dioses. Como castigo, fue condenado a perder la vista y empujar perpetuamente una piedra enorme montaña arriba hasta la cima, cuesta arriba por una ladera empinada, pero antes de que alcanzase la cima de la colina la piedra siempre rodaba hacia abajo, y Sísifo tenía que empezar de nuevo.

 



 

Sin embargo, no por ello he dejado de trabajar en la enseñanza (en el Instituto para la gente joven de Bachillerato y clases de filosofía para adultos) hasta el año pasado. La enseñanza no ha sido para mí un trabajo, sino sobre todo un descubrimiento constante, un caminar incesante con los alumnos, y una fuente de vitalidad, de energía.

Aún ahora sigo dando charlas y conferencias, colaborando también con artículos de opinión en El Periódico de Aragón, y en otras revistas, principalmente de educación, y aporto además mi granito de arena en algunas instituciones y asociaciones.

 

Sigo pensando y sintiendo que la vida es hermosa y valiosa cada jornada, cada instante. Cada día lo tomo como un regalo.

Mi final puede estar más o menos cercano (es una cosa que no me preocupa en absoluto). Sin embargo,  tal posibilidad o haber constatado recientemente que he estado a punto de morir no me lleva al desaliento o a la zozobra. Todo lo contrario.

Quiero acabar precisamente con algo de lo que allí he dejado escrito:

 

 

Como la felicidad no es una meta

sino la consecuencia de lo que hemos hecho

con y de la vida

en el transcurso de nuestra existencia

podemos decirnos finalmente

con una sonrisa:

TODO HA MERECIDO LA PENA

 

Vivir es Convivir.

Luchar por algo valioso con otros.

Compartir el sol, el agua, el pan y el aire.

Agradecer la palabra y el silencio.

Extasiarse con la caricia.

Residir en la mente y en el corazón ajeno.

Recitar poemas que alivian la fiebre.

Contar cuentos de final feliz.

Y sonreír en la fiesta, el placer y la alegría,

también en el dolor, el espanto y la zozobra.

 

 

GRACIAS POR TODO