Por qué Platón no se dedicó a la política, sino a la filosofía

 

 

Muchos sabios pasan tradicionalmente por ser unos despistados y por lo general a los científicos e investigadores se les supone poco realismo, así como vivir más en las nubes que con sus pies sobre la tierra. En cambio, a los políticos -de igual forma que, por ejemplo, a los comerciantes, los abogados o los policías de tráfico- se les suele tener por personas pragmáticas y eminentemente de acción. Quizá más de uno dedicado a elaborar teorías y a la actividad intelectual se sienta como un pato mareado a la hora de solicitar el alta de la luz o del agua para su domicilio. Quizá también más de un político (y más de mil...) se sentiría como un elefante dentro de una cacharrería a la hora de dar cuenta de las ideas, proyectos y valores fundamentales sobre los que basa su actividad política.

Para la vida y los intereses de los ciudadanos tiene escasa importancia la supuesta torpeza práctica del intelectual. Sin embargo, a medio o largo plazo, un político inepto resulta ser un lastre enorme para el bienestar general de los ciudadanos. Un político -como cualquier otra persona dedicada a un determinado ámbito profesional- necesita un proyecto global que llevar a cabo, que a su vez implica haber ideado, reflexionado y analizado concienzudamente sus ideas e ideales sobre el mundo y la sociedad, sobre la historia y la vida. Pues bien, una de las personas que más convencida estaba de la necesidad de que la clase política estuviese intelectual y moralmente bien dotada y que más se esforzó por elaborar un modelo ideal de sociedad, fue Platón.

Cuando Platón nació hacia el año 428 antes de nuestra era en la ciudad de Atenas, todo el mundo le auguraba una brillante carrera política, habida cuenta del carácter distinguido de su aristocrática familia. Sin embargo, Platón evitó entrar en política y ser un político más de la ciudad. Se daba la paradoja de que sentía una gran inquietud e interés por los asuntos públicos de su tiempo y a la vez rehuía inmiscuirse personalmente en los avatares cotidianos y concretos de la política ateniense y griega.

Parece que su actitud de distanciamiento -e incluso animadversión- hacia la actividad política de Atenas se debió en buena parte a la amargura que le produjo la muerte de su admirado maestro Sócrates, así como también al panorama de desorden y caos que tuvo ocasión de contemplar en el año 406 con ocasión de la guerra del Peloponeso, en la que participó como soldado al comprobar que no había generales y jefes realmente competentes. Sea por lo que fuera, el hecho es que Platón decidió desmarcarse del mundo de la política concreta, pues de poco o de nada servía meterse en ella, si la cosa pública seguía estando a merced de las rencillas y ambiciones de individuos mediocres, carentes de ideas y de proyectos, guiados exclusivamente por su cortedad de miras y sus metas mezquinas.

El hecho es que Platón no se metió en política por puro interés por la política: creía más urgente tener una idea adecuada de la política (de la "polis" ideal), y sólo después hablar de la realidad política concreta, pues había llegado a la conclusión de que en el origen de casi todos los males de la política ateniense estaba que sus gobernantes y dirigentes no tenían ideas claras y adecuadas para gobernar y dirigir bien el destino de los ciudadanos.

En resumidas cuentas, Platón puso todo su empeño en imaginar cómo debería ser la vida en una polis griega a fin de que todos y cada uno de sus ciudadanos, lejos de atender sólo a sus intereses tribales o individuales, se sintiesen bien y relativamente felices consigo mismos, a la vez que en concordia y armonía con los demás y con la naturaleza entera. Para ello precisaba antes saber cuál era la realidad ideal en general, a fin de plasmar su perfección en el mundo real en que nos movemos cada día.

En otras palabras, para saber y hacer bien política, antes hay que reflexionar sobre el mundo y la vida, es decir, hay que hacer filosofía. Platón se dedicó a la filosofía porque se sentía demasiado frustrado con lo que veía a su alrededor y quería ofrecer una alternativa mejor y distinta. De ahí que dedicase toda su vida a elaborar dentro y fuera de la Academia, la escuela que él mismo fundó, unas propuestas teóricas y prácticas adecuadas del mundo y de la sociedad, capaces de formar correcta y verazmente a los jóvenes atenienses, futuros gobernantes y ciudadanos de su ciudad. 

De regreso a Atenas, hacia el 388-387 fundó la Academia, llamada así por estar cerca del santuario dedicado al héroe Academo. Incluía un gimnasio, casas, pórticos y jardines, y estaba situada a un kilómetro y medio fuera de las murallas de la ciudad. Allí se seguían estudios no sólo de filosofía, sino también de matemáticas, astronomía, ciencias físicas y otros conocimientos auxiliares. De hecho, el célebre matemático Eudoxo se pasó, con toda su escuela, a la Academia. La escuela rival era la de Isócrates, que se centraba en la retórica, mientras que la Academia atendía sobre todo a la matemática y la 1iIosofía teórica. Así pasa veinte años (387 -367), que corresponden a sus cuarenta y sesenta años de edad. Además de dirigir los estudios de la Academia, Platón daba también lecciones y sus oyentes tomaban notas. Tales lecciones no se publicaban, contrariamente a lo que sucedía con los Diálogos, que eran obras escritas con miras aJ gran público. Si tenemos esto presente, algunas de las mayores diferencias que solemos encontrar entre Platón y Aristóteles (quien ingresó en la Academia el año 367) desaparecen, al menos en parte. Lo que de Platón nos ha legado son sus Diálogos, no sus lecciones académicas. En cambio, de Aristóteles poseemos sus cursos, y sólo conservamos escasos fragmentos de sus obras destinadas al público.

  Él mismo relata con todo lujo de detalles su decepción de la política y su paulatina evolución hasta llegar a la filosofía en una de sus cartas (Carta VII, 324 c-326 b. Versión (al igual que en el resto de los textos citados en el capítulo) de "Obras Completas" (Madrid, Aguilar, 1969). En esta volumen se puede encontrar también una introducción bastante completa a la vida, obras y pensamiento de Platón, de José Antonio Míguez).