PINCELADAS SOBRE LA FILOSOFÍA


Para muchos la filosofía es básicamente una asignatura que se estudia en Bachillerato y una carrera universitaria existente en algunas universidades, en la que se matriculan pocos y ofrece pocas salidas laborales/profesionales, salvo la enseñanza.
En líneas generales, la asignatura de Filosofía en Bachillerato suele resultar abstrusa, poco comprensible y aburrida para la mayoría. Sin embargo, podría ser fascinante. Depende de que tengan la fortuna de que alguien les muestre la fascinación de la filosofía. De lo contrario, el alumnado de Bachillerato está abocado a soportarla como pueda y aprobarla como sea.
Entremos en su etimología. Filosofía = afición, amor, dedicación a la sabiduría. Si se preguntase al alumnado de Filosofía si existe alguna asociación en su mente entre afición y amor, por un lado, y filosofía y saber, por otro, bastantes se preguntarían quizá si quien les pregunta va de broma o incluso ha enloquecido.
La filosofía que se suele enseñar en las aulas huele a rancio, sabe a tedio. Probablemente, porque parte de quienes la profesan y enseñan son así.
A veces he tenido la impresión de que algunos profesores de filosofía están movidos por ese fenómeno. psíquico/mental que Nietzsche llama “rencor a la vida”.
Produce tristeza pensar que los ciudadanos tienen una única oportunidad en su vida de entrar en contacto con la filosofía: el Bachillerato, también constatar la pobre sensación y la pobre idea que obtienen de la filosofía tras haberla cursado.
Volviendo a su etimología, Filosofía implica consciencia de los límites: no significa posesión, sino afición o dedicación al saber. La Filosofía, por su propia definición, está lejos de cualquier pretensión dogmática y absoluta de posesión de la verdad.
La verdad es un horizonte que siempre ha de estar ante los ojos. Su búsqueda marca el rumbo y confiere sentido a la propia búsqueda. Ese horizonte jamás se alcanza plenamente. Por muchos pasos que demos hacia la verdad, esta es siempre una invitación, una incitación para que prosigamos en pos de ella. Por eso el filósofo se autodenomina “aficionado”, “amante” del saber, pero nunca “sabio”. El filósofo es ante todo un permanente buscador, un incansable indagador.
La sabiduría, el saber, es el propio camino. El filósofo es un caminante en la senda del saber. Hay quienes creen que el saber está en las enciclopedias, en las bibliotecas. Hay quienes creen que el más sabio es la persona que ha acumulado más datos. En tal caso, en el siglo XXI el mayor sabio sería Internet.
Sabiduría y vida deben estar indisolublemente unidas. Filosofar al margen de la vida es un acto “in vacuo”, en el vacío. Filosofar perdiendo de vista la vida es hacer que la filosofía muera de inanición.
Filosofía es la senda incesante e inacabable para ir descubriendo en qué consiste vivir bien, una vida buena, una buena vida. Cualquier otro campo o ámbito filosófico ha de estar encaminado hacia el vivir bien, hacia el bienvivir.
En Filosofía vivir bien implica necesariamente a todos y a cada uno de los miembros de la especie humana. Ni la senda, ni el horizonte, ni la meta de la filosofía son sólo individuales, sino también y principalmente sociales. Filosofar requiere implicación personal y compromiso social.
En Filosofía vivir bien implica necesariamente convivir bien. La paz interior respira sólo en la paz mundial. La equidad personal exige a la vez justicia social. De no ser así, habría que releer la obra de K. Marx “La miseria de la filosofía”. Una filosofía conservadora es un hierro de madera. O es hierro o es madera. O es filosofía o es conservadora. Pero no ambas cosas a la vez.
No ha habido un solo filósofo auténtico que no se haya puesto a pensar para buscar y encontrar nuevas fórmulas, más positivas y eficaces, para que los seres humanos sean más cabales, más humanos, más justos, más solidarios, más honestos, más inquietos e interesados ante el mundo y la vida. ¿Quizá sea por eso que haya hoy tan pocos filósofos en las aulas, en los libros?
Unos cuantos botones de muestra….
Platón soñando con el Estado ideal, el gobierno ideal, la ciudad ideal…
Aristóteles animando desde niño a Alejandro a hacer del mundo un entorno helénico culto, avanzado, desarrollado…
Los estoicos declarándose y sintiéndose ciudadanos del mundo con el que debían implicase y comprometerse…
Ockham pergeñando una nueva Europa civil, desligada del poder religioso multisecular…
Locke creando los cimientos de la sociedad moderna, de la división democrática de los poderes del Estado..
Kant culminando la apuesta por la paz mundial, la libertad más honda de la ciudadanía, la madurez racional del ser humano ilustrado..
Hegel celebrando con sus amigos en el campus de la universidad el triunfo de la revolución francesa…
Marx perseguido, encarcelado, exiliado por su crítica socioeconómica y su apuesta por una nueva sociedad…
Nietzsche criticando radicalmente la sociedad, la mentalidad, la moral, la ciencia, la técnica abotargadas de su época…
Ortega y Unamuno, proscritos y malditos por su postura crítica y valiente frente a la dictadura…
Bertrand Russell, en prisión dos veces, la primera conectada con sus actividades pacifistas durante la gran guerra y la segunda por participar en una manifestación contra la proliferación de armas nucleares.
Ellos y otros muchos nos han enseñado muchas cosas profundas y valiosas a través de sus obras, pero sobre todo a través de sus actos, de sus vidas.
El día en que la filosofía sea aquietante ya no será filosofía.
El día en que la filosofía sea sólo una acumulación de datos, ideas y libros dejará de ser filosofía.
Mientras cualquier niño pregunte a sus padres el porqué de algo podemos tener la certeza de que la filosofía siempre estará viva.
Mientras un adolescente busque apasionadamente su propia e intransferible identidad, podemos tener la certeza de que la filosofía siempre estará viva.
Mientras una persona haga cada día realidad su convicción de que la vida nunca está agotada o acabada, sino que siempre está por hacer, haciéndose, podemos tener la certeza de que la filosofía siempre estará viva.