LAS VERDADERAS
PANDEMIAS
Van 400. No son los 400 golpes de F. Truffaut, sino 400 ejecuciones en el Estado norteamericano de Texas desde que el Tribunal Supremo restauró la pena de muerte en 1977. El próximo día 30, siguiendo una antigua ley tejana, está previsto ejecutar a otro simplemente por haber sido testigo de un crimen sin hacer nada por impedirlo. Según Amnistía Internacional, 1591 personas fueron ejecutadas y 3.861 fueron condenadas a muerte en 2006 en el mundo, aunque probablemente las cifras reales pueden ser mucho más elevadas.
Sobre tal horror Nicolas Sarkozy ha propuesto colocar una guinda de colorines: la castración química de los delincuentes sexuales con riesgo de reincidencia. La medida, con un amplio respaldo popular y electoral en determinados sectores sociales, ya ha dado pie a la creación de una comisión de estudio por parte del Departamento de Justicia de la Generalitat y del Tribunal Superior de Justicia de Cataluña y, cómo no, ha recibido una acogida muy favorable por parte de CiU y PP. Al parecer, el asunto se plantea en términos de eficacia, lo que quizá relega a la ética al último rincón del desván, pues no cabe duda de que, desde ese planteamiento, el método más efectivo sería la decapitación o similares.
Se percibe en el mundo una nueva vuelta de tuerca de la involución o del neoconservadurismo, que plantea determinadas medidas como innovadoras, cuando en realidad son un regreso a etapas que ya creíamos superadas. Si, por supuestas razones de eficacia, a un asesino se le aplica la inyección letal y a un pederasta se lo castra químicamente, no resultaría descabellado entonces plantear qué medidas eficaces y ejemplarizantes habría que aplicar, por ejemplo, al ladrón de guante blanco que ha amasado una enorme fortuna a base de pelotazos, sobornos y corruptelas de todo tipo, o al gobernante que ha metido a todo un país en una guerra a base de mentiras y engaños, o al dirigente que se dedica a invadir países y montar guerras que acarrean centenares de miles de muertos, o al dictador que siembra de terror y desprecia todos los derechos humanos, o al conductor que reincide en poner en grave peligro su vida y la de los demás mediante conducción temeraria, o a cuantos mantienen y sostienen los horrores de Guantánamo, Palestina o Irak.
Por si fuera poco, hay otras guindas más que algunos desean colocar sobre la tarta del mundo. Por ejemplo, la semana pasada conocíamos el informe anual de la Organización Mundial de la Salud, según el cual se ha incrementado en el mundo el peligro de pandemias infecciosas (aluden principalmente al bioterrorismo, al Síndrome Respiratorio Agudo y Grave y al vertido de residuos). Así, de nuevo, Occidente se instituye como centro del universo y como criterio único para detectar y calibrar los peligros existentes para la humanidad.
Sin embargo, hay verdaderas pandemias en el mundo desde hace muchos años, lo digan o no lo digan los países desarrollados. Como simples botones de muestra, la malaria es la primera causa de enfermedades debilitantes, la mitad de la población mundial (unos 3.000 millones de personas) vive en riesgo de contraer la enfermedad, afecta a más de 100 países, enferman entre 300 y 500 millones cada año, mata aproximadamente a 3 millones de seres humanos, cada minuto mueren de 3 a 5 niños de malaria, y mata en un año, aproximadamente, a los fallecidos de SIDA en los últimos 15 años. Sin embargo, la malaria no ha sido reconocida realmente por el mundo desarrollado como una catástrofe de salud pública, por la sencilla razón de que no afecta sus ciudadanos y votantes.
De pandemias está llena esa parte del mundo de la que apenas se habla y que ocupa muy poco espacio en los informativos y en los medios de comunicación de los países ricos. Pandemia es el hambre (hasta 820 millones ha crecido el número de hambrientos, según el informe anual de la FAO), la malnutrición (causante de casi la mitad de las muertes de niños en el mundo), los mil millones de analfabetos totales (fenómeno directamente vinculado con la pobreza), las más de 20 guerras activas existentes en el mundo y los millones de muertos que acarrean. Pandemias son también la violencia poliédrica contra las mujeres, los presos de conciencia y las torturas.
Como compensación, en nuestro país hay también otros hechos que levantan el ánimo de la ciudadanía. Por ejemplo, el comienzo de la Liga de Fútbol, la publicación de las memorias sexuales de Pipi Estrada y la vuelta a los ruedos de José Tomás.